- JetSMART Blog
- Cómo ayudar a un niño con miedo a volar
Desde anticipar cómo será el vuelo hasta saber qué decir durante las turbulencias, algunas estrategias pueden ayudar a reducir la ansiedad infantil en avión y hacer que la experiencia sea más predecible.
No todos los niños experimentan el miedo de la misma manera. Algunos pueden sentirse inquietos porque nunca han viajado en avión, mientras que otros pueden haber tenido una experiencia previa que les resultó desagradable. También es posible que el temor esté relacionado con la altura, las turbulencias, los ruidos fuertes, el despegue o la sensación de no tener control sobre lo que ocurre. La ansiedad infantil en avión también puede aparecer antes del viaje. Un niño puede comenzar a hacer preguntas repetitivas, mostrarse inquieto o decir que no quiere viajar varios días antes. Por eso, una buena primera medida es preguntarle qué es exactamente lo que le preocupa. Entender el origen del miedo permite acompañarlo de una manera más adecuada.
La preparación previa puede ayudar a reducir la incertidumbre. No es necesario entregar explicaciones técnicas, sino anticipar de manera sencilla cómo será la experiencia. Puedes contarle que primero llegarán al aeropuerto, luego esperarán para subir al avión y, una vez dentro, deberán sentarse y utilizar el cinturón de seguridad. También puedes explicarle que escuchará diferentes sonidos y que durante el despegue el avión acelerará y comenzará a subir. Cuando un niño sabe qué esperar, es menos probable que interprete cada ruido o movimiento como algo inesperado.
: Evita convertir el vuelo en un tema de preocupación constante. Puedes conversar sobre el destino, las actividades que realizarán o lo que podrán hacer una vez que lleguen. Si pregunta por el vuelo, responde de manera clara y acorde con su edad. Frases como “entiendo que te dé un poco de miedo porque es algo nuevo” pueden ser más útiles que decir simplemente “no tengas miedo”.
: Uno de los principales consejos para un niño con miedo a volar es explicarle previamente los momentos que podrían resultarle más intensos. Puedes contarle que durante el despegue sentirá cómo el avión acelera, que durante el trayecto podrían producirse algunos movimientos y que antes de aterrizar comenzará a descender. Anticipar estas sensaciones puede ayudar a que el niño las reconozca cuando ocurran y no las interprete inmediatamente como una señal de peligro.
: En niños pequeños, jugar puede ser una buena manera de explicar el viaje. Pueden simular que varias sillas forman un avión, practicar el uso del cinturón o representar el despegue y el aterrizaje. También pueden mirar cuentos, ilustraciones o contenidos adecuados para su edad relacionados con los viajes en avión.
Una vez dentro del avión, intenta mantener una actitud tranquila y predecible. Los niños suelen observar las reacciones de los adultos para interpretar lo que ocurre. Si perciben mucha tensión, pueden asumir que existe un problema incluso cuando todo forma parte normal del vuelo. Explícale brevemente qué está ocurriendo cuando sea necesario y evita entregarle demasiada información al mismo tiempo.
: El despegue puede generar ansiedad porque combina ruido, velocidad y movimiento. Antes de que comience, recuérdale qué sentirá y dile que estarás a su lado. Puedes distraerlo con una conversación, música, un cuento o un juego. Si necesita tomar tu mano, permíteselo. Lo importante es que sienta que puede expresar su miedo sin ser juzgado.
: Las turbulencias pueden aumentar la ansiedad infantil en avión porque los movimientos suelen ser inesperados. Puedes explicarle de manera sencilla que el avión a veces puede moverse al atravesar diferentes corrientes de aire y que, cuando esto sucede, es importante permanecer sentado y seguir las indicaciones de seguridad. Evita reaccionar de forma exagerada o transmitir alarma. Si el niño ya tenía miedo a las turbulencias antes del viaje, hablar sobre esta posibilidad con anticipación puede hacer que la experiencia resulte menos sorpresiva.
: El descenso también puede generar nuevas sensaciones. Explícale que el avión comenzará a bajar gradualmente y que puede notar cambios en los sonidos o en la presión de los oídos. Puedes aprovechar este momento para hablar sobre lo que harán al llegar o invitarlo a mirar el paisaje si se siente cómodo junto a la ventanilla.
Las palabras que utilizas pueden influir en cómo interpreta la situación. Evita expresiones como “no pasa nada”, “no seas miedoso” o “los niños grandes no tienen miedo”. Aunque busquen tranquilizarlo, pueden hacer que sienta que su emoción no está siendo comprendida. En cambio, puedes decirle que entiendes que esté nervioso, preguntarle qué le preocupa o explicarle que determinado ruido es normal durante esa etapa del vuelo. También puedes recordarle que estás a su lado. Reconocer el miedo no significa reforzarlo. Significa demostrarle que puede expresar lo que siente y recibir acompañamiento.
Mantener la atención en actividades agradables también puede ser útil. Dependiendo de la edad, puedes llevar libros, cuentos, lápices, cuadernos, juegos pequeños, música, películas, juguetes conocidos o actividades con stickers. Un objeto familiar también puede transmitir tranquilidad, especialmente en niños pequeños. La idea no es distraerlo a toda costa, sino ofrecerle recursos que le permitan sentirse más cómodo durante el trayecto.
No conviene ridiculizar su preocupación ni compararlo con otros niños. Tampoco es recomendable obligarlo a mirar por la ventanilla si eso aumenta su ansiedad o entregarle información innecesariamente alarmante. Otra práctica poco útil es esperar hasta estar dentro del avión para hablar por primera vez sobre el viaje. Cuanto más predecible sea la experiencia, más herramientas tendrá para enfrentarla con tranquilidad.
Sentir nervios antes de viajar no significa necesariamente que exista un problema mayor. Sin embargo, si el miedo es muy intenso, persiste durante mucho tiempo o impide realizar viajes y otras actividades familiares, puede ser recomendable consultar con un profesional de salud mental especializado en niños. También conviene prestar atención si aparecen síntomas de ansiedad intensa incluso al hablar del tema, si tiene pesadillas recurrentes relacionadas con aviones o si el miedo comenzó después de una experiencia especialmente difícil.
Sí. Viajar en avión incluye sonidos, movimientos y situaciones que pueden resultar completamente nuevas para un niño. En muchos casos, una buena preparación, acompañamiento y una experiencia positiva pueden ayudar a reducir progresivamente el temor.
Utiliza palabras sencillas. Puedes decirle que el aire no siempre está completamente quieto y que, en algunas zonas, el avión puede moverse un poco. Lo más importante es explicarle qué debe hacer durante ese momento, seguir las indicaciones de seguridad y transmitir tranquilidad.
Primero intenta identificar qué le ocurre. Puede tener miedo, estar cansado, sentirse incómodo o necesitar expresar lo que está sintiendo. Háblale con calma, acompáñalo y ayúdalo a concentrarse en algo conocido o agradable.
Depende de cada niño. Algunos se sienten más tranquilos al poder ver lo que ocurre fuera, mientras que a otros la altura les provoca más ansiedad. Si tiene edad suficiente, pregúntale qué opción le resulta más cómoda.
Aprender cómo ayudar a un niño con miedo a volar requiere paciencia, preparación y comunicación. Escuchar qué le preocupa, explicarle cómo será el viaje y acompañarlo durante los momentos que puedan generar mayor ansiedad puede ayudar a que la experiencia sea más manejable. No se trata de eliminar el miedo de inmediato. El objetivo es que el niño se sienta comprendido, tenga herramientas para afrontar sus nervios y pueda construir, poco a poco, una relación más tranquila con los viajes en avión.